Internacional

Chile, Ecuador y Francia brindan apoyo a Perú por lluvias e inundaciones

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Perú sufre los embates de la lluvia, considerando esta catástrofe como la peor de todos los años. La comunidad internacionales continúa solidarizándose con el gobierno peruano.

El apoyo internacional a Perú por los huaicos e inundaciones que ha dejado, al menos, 75 muertos, 263 heridos, 20 desaparecidos y unas 100 mil personas damnificadas, continúa a través de declaraciones de solidaridad, otorgamiento de ayuda humanitaria y repatriación de ciudadanos.

A través de su cancillería, el gobierno de Francia expresó su solidaridad con Perú y a sus autoridades por “las inundaciones más graves conocidas por el país en 20 años, provocadas por el fenómeno ‘El Niño’ Costero.

 Asimismo agregó que ante estas “circunstancias dolorosas”, Francia envió “sus condolencias a las familias de las víctimas”.


Chile envió ayuda humanitaria

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, anunció que hoy se enviará a Perú un cargamento de veinte toneladas de elementos de ayuda para los afectados por las inundaciones y huaicos.

En avión se desplazan las ayudas para los peruanos que fueron afectados por intensas lluvias y sus consecuencias, manisfesto Bachelet durante una actividad de trabajo en el municipio santiaguino de El Bosque.

Alrededor de 19 y 20 toneladas que incluyen agua, frazadas, cajas de alimento y productos de higiene personal para mujers y hombres, indico la mandataria.


 

Ecuador repatríó afectados por las lluvias

Ecuador repatrió a 73 de sus ciudadanos y a una docena de colombianos y afectados por los huaicos y el desborde de ríos en Perú, de acuerdo a la cancillería.

En un comunicado la cancillería indicó que “73 ecuatorianos damnificados por las intensas lluvias que azotan al Perú, arribaron a Ecuador como parte de un trabajo de asistencia del Gobierno”.

Se reportó también que en el vuelo también viajaron 12 colombianos: “Se coordinó con la embajada de Colombia en el país para que continúen el retorno a sus hogares”.

En principio el ministerio de Relaciones Exteriores ecuatoriano había informado que eran 58 ecuatorianos los afectados por el fenómeno climático denominado “Niño Costero” que azota a Perú.

Cabe precisar que en Ecuador, se reportan fuertes lluvias desde enero y que han ocasionado la muerte de 16 personas y ha dejado 6,480 familias afectadas, 1,149 damnificados y 125 viviendas destruidas, de acuerdo con el más reciente balance de la Secretaría de Gestión de Riesgos (SGR).

Debido a la situación de emergencia, la SGR declaró en alerta naranja (previa a la roja, de máxima peligrosidad) a las provincias de Esmeraldas (noroeste y limítrofe con Colombia), Manabí, Guayas, Santa Elena, Los Ríos, El Oro y Loja (las dos últimas al sur, fronterizas con Perú).


 

Vea: Lluvias e inundaciones dejan muerte y destrucción a su paso en Perú


Se agrava la situación en Perú

Un verano inusualmente caluroso elevó varios grados la temperatura de la superficie del agua del litoral peruano, poniendo en marcha la rueda devastadora del fenómeno climatológico conocido como “El Niño Costero”. Mayor temperatura implica más evaporación de agua, que al chocar con la muralla de los Andes genera lluvias torrenciales en una zona en que las precipitaciones anuales habituales no llegan a los 150 litros por m2.

Las lluvias provocaron el anegamiento de pueblos y ciudades, ríos desbordados y deslizamientos de tierra, conocidos en Perú con el término quechua de “huaicos” y que destruyeron rutas y puentes, hundieron viviendas y arrastraron vehículos, animales y personas. Desde diciembre último, cuando comenzó a darse este fenómeno en Perú, ya hubo 75 los muertos, al menos 264 heridos, 20 desaparecidos, 100.000 damnificados que perdieron todo o casi todo, y unas 630.000 personas que sufrieron inundaciones o pérdidas materiales de algún tipo.

Trujillo, la tercera ciudad más poblada de Perú, ha quedado virtualmente aislada por accesos viales del resto del país, tras el hundimiento de los puentes de la ruta Panamericana, que atraviesa Perú de sur a norte a lo largo de la costa. En Lima, los “huaicos” también afectaron la Carretera Central, la única vía asfaltada que une la capital con el centro del país, lo que dificultó el suministro de alimentos y el envío de ayuda.

Paradójicamente, el exceso de lluvias obligó también a cortar durante tres días el agua potable a casi toda la ciudad, donde viven unos 9 millones de personas, ya que el lodo y la basura arrastrados por los torrentes impedían procesarla y potabilizarla. Las escuelas en Lima están cerradas desde el jueves pasado y no retomarán las clases hasta el miércoles próximo, siempre que amainen las lluvias y se regularice la situación.

Este fenómeno destructor ha sido desde tiempo inmemorial el azote más duro para los habitantes del Perú, a la par de los terremotos que periódicamente devastan el país, ubicado en el cinturón de fuego del Pacífico, donde se registra el 85% de la actividad sísmica mundial.

Todas las culturas precolombinas que desarrollaron sus estados en la zona prosperaron gracias a su aprovechamiento de la ecología local, como la abundante pesca que se encuentra en las habitualmente frías aguas del Pacífico, y debido a la gestión de las escasas corrientes de agua que bajan por vertiente occidental de los Andes y que permiten cultivar en el desierto.

La historia revela que cada vez que se producía el fenómeno del Niño, con sus abundantes lluvias, todas estas civilizaciones sufrían e incluso desaparecían, arrastradas por los “huaicos” y la destrucción económica y social que éstos causaban. Hoy en día la población peruana se concentra en esa misma zona costera, lo que genera graves problemas de estrés hídrico, tanto para el impulso de la agricultura como para suministrar agua potable a la población.

Varias de las mayores obras de infraestructura en marcha en el Perú buscan precisamente llevar el agua de la vertiente oriental de los Andes, que alimentan los grandes ríos amazónicos y en donde ese recurso es muy abundante, a la zona desértica. La presión demográfica también lleva a la gente a ocupar las zonas próximas a ríos, cañadas y desagües naturales más susceptibles de inundarse o ser arrasados por las riadas y “huaicos”, multiplicando los efectos y los daños cuando se producen estas torrenciales lluvias en el desierto.

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Andrea Velasquez

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